Año nuevo, ¿nuevos propósitos?

Oficio

Año nuevo.  Invevitable pensar en nuevos propósitos, los mismos tal vez, pero más renovados. Nuevas metas, todo lo que pudiera significar mejoría. La presión empieza desde ya para iniciar dietas, modificar comportamientos, actitudes, dejar vicios, cambiar, servir, darse todo y de la mejor manera posible. La tradición provoca que los gimnasios se vean más poblados pero la sonrisa en ocasiones dura hasta que la cuesta de Enero lo permita y las resacas de las festividades decembrinas. ¿Cuáles eran los propósitos de Rael? Primero, pensó en darles una clasificación: económicos, personales, materiales, espirituales, después pensó que no importaba tanto. Entonces los enlistó en su diario negro:

  • Mentir mejor.
  • Cantar sentimentalmente
  • Escribir sobre el mar, no del tema en sí, sino encima del mar.
  • Componer baladas.
  • Ir de pesca a lo urbano.
  • Escribir sus memorias.
  • Extasiar la mirada.
  • Descansar haciendo.
  • Tomar menos café (sacrificio verdadero).
  • Ocuparme de los que realmente importan.
  • Continuar con la búsqueda (poesía, motivos, vida).
  • Explotar la pasión.
  • Curarme de lo incurable.
  • Francés, inglés, italiano, qué mas da.
  • Ejercitar mente, cuerpo y espíritu.
  • Amigos, buscar tesoros perdidos.
  • Productividad en letras y más letras (incrementar asuntos literarios en un tanto por ciento medible y computado con base a la proporción de producción sustentable anual).
  • Saber quiénes son Elmer Mendoza, Ramón Kuri Camacho, Arturo Pérez-Reverte y otros más que se acumulen a la lista.
  • Leerr un libro al mes (mínimo, ¡sin limitaciones!)
  • Saber en qué espacio y tiempo titubeamos.

Intencionalmente, Rael dejó varias líneas en blanco para seguir agregando a la lista.

(Fragmento de la novela “La última palabra”, Rafael Jurado).
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