Lechuzas y mariposas

victor grijalva Ya han pasado cuatro años de la muerte de tu madre. Todo el día has tenido una sensación de nostalgia y opresión en el pecho. Decides trotar por la noche. De regreso a tu casa, caminando por la calle desierta, viene la imagen de tu madre cuando regresaba de sus jornadas de trabajo. Nueve de la mañana y la mirabas venir por la calle. Ella trabajaba de noche en un restaurante que abría las 24 horas. En otras ocasiones eran las cinco de la tarde cuando el turno era de día. Te miras parado en la esquina de lo que era la casa de la familia, de aquella colonia plena de ilusiones, esperanzas, logros, fracasos, lágrimas y recuerdos de todo tipo, donde tuviste por primera vez tu propio cuarto, tu propio espacio. De pronto tienes una ganas, no, ganas no, te has sorprendido en una explosión de llanto mientras te inundan los recuerdos y ahí estás, caminando de regreso al presente. Piensas en lo feliz que estaría con el nacimiento de su primera bisnieta.

Encuentras justificación a como te sientes, en el hecho de no haber encontrado en la mediateca las notas que investigabas. La primera intención de dicha investigación era anotar todo el contexto histórico del año que te vio nacer. Todo eso como parte de un mero ejercicio literario. Has decidido preguntar en la hemeroteca sobre los diarios de esa época. Desafortunadamente ahí solo tienen registro del año 1992 a la fecha. Un maestro conocido te informa el lugar correcto al que debe de acudir, entonces te encaminas a la mediateca municipal. La encargada te comenta que solo cuenta con material del año de 1962 en adelante. Te decepcionas. De pronto se ilumina tu rostro, una oleada de escalofrío recorre todo tu cuerpo. Se te ha ocurrido entonces solicitar el mes de Noviembre del 67. No lo sabes pero la fecha está equivocada. La encargada regresa con una bolsa de plástico donde están envueltos los diarios de todo ese mes. Son amarillentos y ella los saca con mucho cuidado. Te sientas y miras con nerviosismo. Ahí están apretados, dormidos y viejos. Tomas el primero con toda la delicadeza posible. Lo extiendes y tu corazón se acelera. Lees sin comprender. Das vuelta a la primera página y sonríes al ver la publicidad de ese tiempo, la moda, las fotos sociales. Primero de noviembre del 67 y comentan sobre los operativos para la celebración del día de muertos. Te tardas cinco o diez minutos y te das cuenta que a ese ritmo no terminarás en todo lo que le resta al día.

Tomas el segundo ejemplar y ya solo lo hojeas mirando las fotos. El tercero, cuarto. Te das prisa dado que el telefono te ha estado vibrando y no has querido contestar. Después de una hora terminas de revisar todo el mes y lo único que encuentras es decepción. Conforme avanzabas te ibas preparando psicológicamente para el encuentro con esa fotografía que has llevado en tu mente toda la vida. No sabes qué es lo que harás con ella una vez que la encuentres. Pero sabes que lo primero es hacer esa conexión con el presente y el pasado, después, después no lo sabes. Solo encontraste notas sobre los acontecimientos de Vietnam, una foto del equipo de basquetbol Dorados con su dirigente Pedro Barba, la visita del presidente de la república Diaz Ordaz a Chihuahua y una nota que te ha parecido simpática. Se trataba de una tertulia literaria donde participaba Rico Bovio en sus tiempos de estudiante comentando algo sobre la obra de Kafka. Abandonas la tarea con mucha decepción y frustración.

Es eso y los recuerdos de tu madre los causantes de los momentos tristes y nostálgicos por los que atraviesas. Pasan las horas y tratas de reestablecer el orden. A las dos de la mañana te vas a la cama y antes de entrar a las sábanas, escuchas afuera el sonido de unas aves, inclusive alguna vuela cerca de tu ventana y no muy lejos se sigue escuchando el sonido. Lechuzas, piensas. Parecía una pelea entre ellas, dos o tres tal vez, sin embargo no le das mucha importancia. No por eso deja de parecerte extraño el momento y sientes tan solo una leve sospecha de un mal presentimiento. Tu abuela Clota decía que mariposas grandes y negras sobre la ventana eran un mal presagio. Eso lo sigues creyendo hasta la fecha. Por fin el sueño te ha vencido.

lechuza

Hoy es miércoles y te preparas para ir al taller literario, sin embargo, Irene te ha llamado y te da una terrible noticia. Tu padrino ha fallecido. Te quedas como una piedra, un bloque de carne y hueso inmóvil. Ya en su funeral te enteras que eran las cinco de la mañana cuando no pudieron hacer nada por evitar el fatal desenlace. Por alguna extraña razón recuerdas a las lechuzas de la madrugada. De inmediato borras la imagen para dirigirte al féretro.

Siete décadas y una historia única. Tus recuerdos han estado muy recientes ultimamente donde niñez y juventud invariablemente se vieron influenciados por él y Lucita, tus padrinos. Mientras estás frente a su ata+ud. no entiendes el porqué sigues pensando que  la vida ha sido  cruel con él. Culpas al tiempo y a la vida por confabularse tercamente en querernos apagar sueños e ilusiones, en él siempre viste un ejemplo a seguir luchando por esos sueños. No logras clarificar tu mente, solo proyectas en su vida tu vida y piensas que para tí sería terrible ir dejando los sueños regados a la orilla del camino por alguna enfermedad, por desánimo o simplemente porque dejaron de ser eso precisamente: sueños, lienzos blancos y vírgenes pendientes de ser auscultados por su vista, acariciados por el movimiento de su pincel y sus dedos entre los cabellos de Lucita, pinceladas inconclusas. Los objetos, sus cosas, esperando tal vez un nuevo amo o en el peor de los casos destinadas al cesto de basura. ¿Quién tendrá la encomienda de vaciar los guardarropas y deshacerse de lo ya no imprescindible? El ritual de ir pasando todo el legado por un embudo y quedarse con lo menos posible para evitar el dolor de un recuerdo. Pero no siempre, al final, basta con lo que a uno le quede en memoria. Siempre queda algo. Anotas en el diario negro el texto de una de tus melodías.

Siempre queda algo de alguien

en algún rincón del polvo

frente a una pared olvidada

o tras la cortina que se abre

Siempre queda algo de luz

de lo que fue una sonrisa

evocada en el aroma del café

alegrando un dormitorio vacío

Siempre hay un olor a cuerpos

y buscamos en las sábanas

Por la noche nos despierta

la piel vestida de ganas

Siempre queda algún sonido

De unos pasos por la acera

Puede ser el eco de su alegre voz

Moldeando el poco aire que nos queda

Siempre queda algo

Que nos pide una lágrima al anochecer

Siempre queda algo

Que nos pide una sonrisa al amanecer

Porque el recuerdo sigue estando vivo

y vivimos una historia nuestra

Cada vez que nos parece no tenemos nada

Siempre queda algo

Lastimándonos sabrosamente

La vida

Siempre queda algún dolor

Lastimando las entrañas

Con las ganas por delante

De olvidar eso que queda

Siempre queda algo de ellos

Que se fueron para siempre

Dejando su historia en los pasillos

Lastimandonos sabrosamente la vida

Siempre queda algo

Que nos pide una lágrima al anochecer

Siempre queda algo

Que nos pide una sonrisa al amanecer

Porque el recuerdo sigue estando vivo

y vivimos una historia nuestra

Cada vez que nos parece no tenemos nada

Siempre queda algo

Lastimándonos sabrosamente la vida

Se ha ido el poeta del óleo, el ejemplo de la enseñanza y el ídolo de tu hambre de ser. ¿Cuál habrá sido su última palabra?

Hoy es Jueves. Después del llanto y del dolor, sientes una paz interior. Las olas vuelven a su tranquilidad, ya conoces como es el asunto, confirmas la vida, el momento. No hay otra explicación seguramente o al menos así lo quieres pensar y así te conviene. Lo plasmas en tus acciones del día, sonríes y el ajetreo marca de nuevo el regreso a la normalidad. Intentas darle expplicaciones a lo inexplicable mientras por la tarde te enteras tardíamente de la muerte de otro ser, no tan cercano a ti pero al cual le tenías mucha admiración: Rogelio Treviño. Se están marchando los poetas, te dices, y las obras inconclusas se quedan, Treviño y sus poemas, su filosofía, conocimientos y anécdotas. Habrá que hacerle homenaje. ¿Cuál habrá sido su última palabra?

Su recuerdo está ligado inevitablemente a las borracheras de poesía cuando él participaba, aquellas que como manjares especiales disfrutabas en casa de Lily Blake. La emoción del vértigo en el centro de un círculo de participantes. Lo recuerdas con mucho cariño y entre los comensales se encontraba José Vicente Anaya, el maestro. Era una fusión especial como si se tratara de un solo poema hecho por todos, un solo cuerpo con diferentes líneas, cantos, notas de guitarra y vino tinto. Anaya y su voz retumbando las andanzas de “Peregrino”.

Eran tiempos de asombro, de notas musicales que salían sabrá Dios de donde. Rosario Castellanos, Mario Benedetti, Cesar Vallejo y otros más capturaban tu ser y brotaban cantos de sus poemas. A las cinco de la tarde, lo demás era muerte y solo muerte, a las cinco de la tarde con tu guitarra y Lorca a tu lado. A Vallejo le hurtaste Los heraldos negros y los hiciste tuyos por varias noches, sin precaución de faltarle el respeto a los fantasmas empolvados. Los hiciste volver a la vida en tu vida.

Hay golpes en la vida, tan fuertes yo no sé, golpes como del odio de Dios. Y el tiempo que nunca fue suficiente para la otra que no sabe enviudar, te susurraba Rosario Castellanos.

Luego en estos tiempos te das cuenta que se juntan a un homenaje por el buen Rafa Avila quien te hizo el honor de presentar tu primer disco Espera Fiel donde quedó plasmada toda esa memoria de poemas musicalizados. Siete años hace que él partió: otro más que pierde este mundo. Claro que añoras esa magia, ese misterio y te preguntas si la buena fortuna te beneficiará de nuevo con volver a esos tiempos de vivir intensamente y tan de cerca con los fantasmas y sus obras.

No te engañes, dices en voz alta. ¿Qué fue lo que pasó? Hace tiempo que vives encerrado en un bloque de hielo y mucha veces te has preguntado eso. ¿El tiempo? ¿El corazón? ¿Tú mismo? No te confundas más. No es de extrañar sorprendiendote hablar conmigo o con otro yo que no seas tú ni yo ni otro fuera de ti. Ahora tomas conciencia, no es la primera vez de este hecho. Piensas en lo bien que te ha hecho mi compañía durante todos tus momentos de soledad, bueno, la verdad es que estas charlas las tienes en todos momentos y las miras de manera positiva. ¿Cuándo te empezaste a conocer? ¿En qué momento supiste de la existencia de otras voces dentro de ti? No lo sabes por el momento, sin embargo, llegaste a conocer de ti mismo y de mi hasta hace poco con el ejercicio de la palabra poética. Al menos eso es lo que crees.

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