El artificio de la Magnolia

Presentacion del libro de poesía Hojas de Magnolia , autora del libro Martha Esthela Torres , escrito leído por Rafael Jurado

Cuando se habla de las mujeres

generalmente se olvidan

sus significados principales.

Cuando hablan las mujeres

el olvido enmudece.

 

Amaranta Caballero

 

Hablar de poesía femenina siempre me ha parecido infructuoso ya que eso nos obligaría a hablar de poesía homosexual, indígena o poesía regionalista, entre otras; sin embargo, reconozco que las etiquetas de ismos y clasificaciones históricas, sólo me han servido para dos cosas: primero, comprender las corrientes, modas o la misma historia de la literatura, tan importantes para poder comprender el entorno de la época en que estoy viviendo; la otra, para hacerme la vida imposible tratando de visualizar los contornos de algo tan escurridizo como lo es la poesía. Separo entonces la voz femenina de todo lo demás, para poder entender aquello que Maricruz Patiño sostiene en alguno de sus ensayos: La mejor poesía que se escribe hoy en México es la de las mujeres. Algunos podrán estar de acuerdo, otros no lo estaremos tanto. Es una afirmación demasiada aventurada sobre todo por los juicios de valor que esto conlleva. En lo que sí estoy de acuerdo, es que en las últimas décadas, la mujer ha estado ganando conquistas en lo que a liberación se refiere. Y  no es a la liberación femenina propiamente, sino a la liberación de su propia voz, su propio lenguaje. Cada vez son más las mujeres que logran  lo que en Martha Estela Torres Torres ha sido un deseo al escribir su obra Hojas de Magnolia:  “gritar con palabras agudas” y “cruzar la línea prohibida”.  Muchas de ellas, seguidoras de los pasos de Sor Juana, Rosario Castellanos, Concha Urquiza o Maria Sabina, poco a poco han estado descubriendo sus manos y su mente en la sombra poética de lo cotidiano.

Hace casi ya una década, en Oaxaca, dio inicio un evento que año tras año ha reunido a decenas de mujeres en lo que se ha llamado “Mujeres poetas en el país de las Nubes”.  Este evento ha sido tomado como modelo para que en muchos países, sobre todo en latinoamérica, se implante la idea de llevar la poesía a la acción con excelentes resultados. La mujer que escribe poesía, poco a poco ha ido recobrando la matria de su voz. Muchos pueden ser los factores que están contribuyendo al surgimiento de ésta voz, entre ellos, y he aquí la posible paradoja, la falta de poesía. Eduardo Milán, en su obra Resistir. Insistencias sobre el presente poético, hace referencia al despeñadero de las vanguardias y sus herederos que vivimos actualmente. Insiste en la falta de poetas latinoamericanos nuevos que entronquen con la tradición crítica lo que provoca obras gastadas y cursis que no dicen nada, desfigurando la figura principal que nos heredó el lenguaje español: la metáfora. Menciona: Muy preocupados en dar al mundo han dilapidado la inmensa carga crítica que suponía el saludable titubeo entre decir y no decir. Y le han quitado a la metáfora su  función original: el desenmascaramiento del mundo de la apariencia, inventando a la vez una realidad, otra más cercana al origen fundacional de las palabras.

Octavio Paz mencionaba también la muerte de las vanguardias, Guillermo Fadanelli sostiene En estos días se hace más difícil encontrar el significado de poesía. El hecho de escribir algunas líneas desordenadas ricas en metáforas manifestadas en tono elegiaco no prueba que la poesía exista, Heriberto Yépez mencionaba: Un poeta es un crítico del lenguaje… Si un hombre escribe sus emociones o describe su paisaje mental, no hace poesía. La poesía es la crítica de la tendencia humana de considerar al lenguaje como su espejo mas fiel, un espejo supuestamente más transparente que el agua misma y al final concluye en común acuerdo con Fadanelli: estoy de acuerdo contigo en lo esencial: la poesía mexicana hegemónica y joven, la poesía contemporánea en general, hiede. Y finalmente citaré un fragmento de un poema de Charles Bukowski:

 

siempre habrá dinero putas y borrachos/ hasta que caiga la última bomba.

Pero, como dijo Dios/ cruzándose las piernas:

Creo he creado a muchísimos poetas/ pero que hay poquísima poesía.

 

Es, en este despeñadero, donde surge la voz femenina como una esperanza para salvar a la poesía. (¿O será la mujer la que busca su salvación en ésta?) Creo que es buen tiempo el que nos toca para escuchar lo que tiene que decir la otra mitad de la humanidad. Cada vez son más las mujeres que se suben al carro poético y hemos estado escuchando a nuevas poetas insistiendo en temas tradicionales y que lo único que los hace diferentes, no mejores, es el toque intimista del Yo femenino. Y es que aún a ellas  las sigue moviendo el amor, la pasión, las emociones y el compromiso con sus deseos y sueños. ¿No es ésto pues, el vivir de un poeta?

Por otra parte, algunos opinan que la poesía en México es saludable. José Ángel Leyva, poeta, crítico y director de la revista Alforja, el pasado 24 de Febrero del presente, publica en la Jornada un artículo comentando la obra de Claudia Posadas, En el rigor del vaso que la aclara/ el agua toma forma. Homenaje de poetas jóvenes a Gorostiza (Ed. Resistencia, 2001), afirma lo anterior pero que aún así se pone de manifiesto que no hay tradición de solidaridad y franqueza para el brillo de los otros. Han dominado la mezquindad, el sectarismo, el ninguneo y la pésima memoria para las obras de los demás.

Dicha, pues, en pocas palabras, una breve semblanza del actual entorno poético, trataré de ubicar en éste contexto y comentar la obra de Martha Estela Torres, Hojas de Magnolia. Y como preámbulo citaré unas palabras de Platón: Todo aquel que se atreve a escribir sin estar poseído por el delirio que este arte exige, creyendo que puede ser poeta tan sólo por escribir de acuerdo con determinados recursos técnicos, estará muy lejos de ser un verdadero poeta. Pues la poesía de los letrados siempre será eclipsada por aquella que destila locura divina.

¿Realmente ella escribe poesía o como decía Bukowski, será una poeta más sin hacer poesía? Corresponderá al lector, al tiempo y a la crítica irle anexando sus veredictos correspondientes. (En cuanto a la locura divina, creo que nunca será suficiente con escribirla, es necesario también vivirla). Por lo pronto, realizaré algunos comentarios sobre la obra en cuestión con el único afán de dar constancia del gozo que me ha embargado su lectura.

En Hojas de Magnolia, la autora va tocando con cierta insistencia los temas de la soledad, el amor, desamor, el dolor de una separación y como trasfondo de todo eso, la magia del lenguaje.  Va dando cuenta, con la musicalidad de un adagio, el inicio de un viaje contemplativo desde los Acantilados (primera parte), en donde la soledad le duele y quiere sanarla con música,  pero ésta, la música, no logra su cometido. Desde hace tiempo, Martha Estela Torres comenzó cierta insistencia musical en su texto Sinfonía, publicado tiempo atrás, donde vuelve a perder la apuesta/ en ésta noche eléctrica de pókar donde las notas de un violín rondan mi cintura/ y el vals de tus miradas  abrasa a mi piel y al horizonte.  ¿Y por qué el fracaso musical? Me apoyo con palabras de Enrique Héctor González: es porque cuando se trata verdaderamente de música, no eres tú el que la escucha: es ella la que te escucha a ti. Entonces al no lograrlo, se da a la tarea de escuchar ciertas voces. ¿Será su otro yo o las influencias de Arreola o Bashoo, entre otros? Y es que esas voces le ordenan la marcha de los días / y la obligan a escribir primero para el viento/ en lápidas de arena, sabe muy bien de su condición de tejedora de humos con agujas escurridizas. Esas voces la empujan a escribir en la oscuridad o en el invierno, pero ¿qué puede escribir/ ese corazón vacío/ esa mente paralizada que ceden/ ante el verdugo de la realidad? ¿Qué puede decirnos una frágil hoja de magnolia formada por el mismo barro que el otro y matizada de ausencias? Ella quiere, y así lo menciona, gritar con palabras agudas que se mezclen en la noche, quiere cruzar líneas prohibidas y aullar como animal herido. Para tal fin utiliza la poesía como pretexto para ser, inventarse o salvarse. Se da cuenta de su condición de mujer sedienta que sufre quemaduras de ausencias y como mujer quiere justificarse, sin necesidad, en la palabras de Rimbaud, trata de sobornar para hacernos sus cómplices: para sentir las letras en las venas, trata de hacernos vibrar con el temblor de la luna / mientras el sol se embriaga de tanto fulgor.

Perdida en éste adagio contemplativo, de pronto aparece una Glosa de luz, un fuego. Y aquí, en la segunda parte, sucede que escribe para el otro. Continúa con la tónica intimista al tocar el tema que le cultiva albatros en su vientre. Nace el canto para el amado: Cuando mi soledad se escurre/ y el poema de tus besos se multiplica/ recupero los anillos del tiempo. Se descubre como magnolia en el centro del otro, como espiga mineral de sus sueños.

Es, en esa parte precisamente, donde abandona el adagio para entrar en una danza sujeta tan frágilmente a los alfileres del atardecer y  desde donde logra una sinfonía de imágenes poéticas, ritmos y violines que se enredan a su cintura, pero finalmente sucumbe ante el amor: “Amar es”. Glosa de Luz me ha recordado un pasaje que leí de George Luckacs y que a su vez citaba a Sócrates: El amor es un volver a encontrarse a sí mismo. Eros nos quita todo lo ajeno y nos devuelve todo lo propio. Aristófanes encontró una bella imagen : En otro tiempo los humanos eran el doble de lo que ahora son, pero Zeus los partió por la mitad y así se convirtieron  en seres humanos. Desde entonces la nostalgia y el amor son la búsqueda de nuestra propia mitad perdida. En ésta ocasión, al parecer, la autora ha encontrado esa mitad perdida y sutilmente nos hace esa insinuación cuando ha establecido condiciones y filtros en el suspenso de un Manantial: (Manantial, pag. 82)

En la tercera parte, llamada Incienso, existe una separación de dos seres y vuelve la soledad inicial pero ahora con el dolor de un abandono:  vuelas en la noche y rompes con tu adiós. (Virgen de la soledad, pag. 113). Finalmente, en la última sección llamada Sin Rumbo, se le termina el encanto amoroso y con cierto aire funerario dice: el amor ha muerto/ hoy lo velo entre cirios de duda y más adelante lanza un desdén que suena a castigo: ya no fluyes en mi memoria/ ni apareces en el devocionario de mi pecho.  Previo a la finalización de la obra, lanza su último deseo (algo que me ha parecido como una maldición) y que para mi gusto personal, aquí termina la obra pero ella quiere dejarnos una esperanza y lanza una Moneda al aire para intentar de nuevo otra partida: ¿tal vez apostando a la suerte de otra noche de pókar entre los besos de una sinfonía?  o ¿tal vez para dejarnos al azar, ese recoveco donde se ha escondido la esperanza salvadora  y desde ahí burlar al destino?

En resumen, la obra nos presenta en un lenguaje sencillo, bien estructurado y con unidad en su temática, la voz de una tejedora de humos luchando por llegar al parnaso. No hay que olvidar que poesía es sinónimo de artificio y Martha Estela Torres ha utilizado la técnica de dicho artificio para expresar lo que a ella no le ha parecido cómo lo dicen los demás. Esa inconformidad es la búsqueda de su propia voz y así quiere salvarse en el intento. Cada quien adquiere la forma de su vaso, como señalaba Gorostiza,  y aclara su palabra en un proceso de movimiento perpetuo donde todo cambia y muere porque vive. Sin embargo, creo que la poesía es más que una obra escrita, el vuelo de un ave no se debe de matar, como decía Milán, en las palabras de un verso. El andar es largo y hay tantas sendas ya trazadas que se hace necesario insistir en el andar se hace camino. Todavía la moneda está en el aire y es tiempo para vivir esa profesión de fe que Octavio Paz pregonaba al referirse a la poesía. La voz de Martha Estela Torres y de todas las mujeres poetas, son la esperanza para seguir renovando el espejo al que Roberto Vallarino (q.e.p.d.) se refería cuando expresaba:

Estamos llenos de imbéciles, estamos ante un discurso agrietado y ausente de crítica y se sigue acrecentando… Quienes realmente son escritores por vocación continuarán luchando por recordar que la literatura es la imagen de un mundo sin imagen  y ellos los encargados  de solidificar y renovar este espejo.

 Rafael Jurado . Noviembre 2002

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