Yo no he decidido mi sexo

A partir del día en que ella se enteró de su verdad, sus días se tornaron insoportables. La relación con Juan, su esposo, fue cada vez más asfixiante. Las preguntas inundaron su existencia y cada vez pasaba más tiempo encerrada en su recámara. Juan no lograba entender lo que le estaba pasando. En varias ocasiones intentó ayudarla pero ella siempre respondía que era algo pasajero, que no tenía importancia.

El día de ayer, Yolanda parecía estar más recuperada. Le había estado dando vueltas al asunto y por fin había decidido salir de su enclaustramiento. Decidió escribir una nota o algo por el estilo para poner en orden sus ideas. Juan, mi querido Juan, mi querido esposo. Siempre he tratado de entender mis orígenes. Creo que ya no puedo soportar más este matrimonio. Hasta aquí creo haber llegado. No tengo las palabras para expresar este fracaso. Me duele tanto pero creo que estamos a tiempo, sobre todo porque no hay hijos de por medio. Ahora que te vas a enterar de la verdad, de eso que siempre te estuve ocultando, seguro que me odiarás por el resto de   tu vida. Tengo que confesártelo. Cuando era el tiempo de moda o necesidad, mis padres intentaron saciar sus necesidades conmigo. Yo quiero niña, decía mi padre. ¿Y por qué no niño? Imagínatelo con sus pantalones vaqueros. Era el tiempo donde el manejo de los genes apenas estaba en descubrimiento. Ahora es cosa de todos los días y en todos los países. Seleccionar el color de ojos, la estatura o el color de piel ya es asunto cotidiano, sin problema alguno, pero no siempre fue así. Yo soy de una generación donde todo eso era apenas un experimento. Y así fue como mis padres se sintieron dioses al seleccionar el sexo que yo tendría. Cinco meses duraron para definir en común acuerdo que yo fuera mujer. Ellos decidieron pero con el tiempo no soportaron la presión que la moral decadente de sus tiempos ejercía sobre ellos. Una y otra vez se vieron en la necesidad de esconder comentarios o charlas sobre el tema. Unas miradas y muecas bastaban para entenderse uno a otro y cambiar el rumbo de la charla o abandonar el compromiso social, no se diga de las entrevistas supuestamente científicas, pero lo peor era la misma familia. Si alguien preguntaba sobre el tema, rápidamente se encontraban los pretextos para evitar a toda costa charlar sobre el particular. A mi, hasta el día en que ellos murieron, nadie me explicaba las causas de mi situación y el conflicto que siempre he llevado. Aquí es donde me encuentro el dilema que jamás te había contado: ellos seleccionaron mi sexo pero nunca me consultaron. Es más, creo que mi intuición siempre me ha dicho el origen de mi angustia por que siempre había tenido sueños mirándome como un macho, había en mi algo que no lograba descifrar hasta que la tía Yolanda me contó lo del manejo de genes y todo eso que ya te conté. Soy una mujer pero nunca me he sentido femenina.

Ellos decidieron el rumbo, no lo niego, pero al correr de los años me percataba de la ingenuidad del tema y sobre todo hasta ahora,  no le daba mucha importancia a este maldito asunto. Lo que más me dolió fue cuando por mera presunción, escuché a mi padre decir muy orgulloso, el destino que había seleccionado para mí. Una mezcla de rabia y compasión estuvieron gestándose toda esa noche y hoy se ha disuelto más que todo en un escupitajo de burla. Si mis padres hubieran sabido seleccionar, qué aburrimiento de la vida. Estoy muy agradecido con el azar o la suerte de tener unos genes rebeldes que si yo quiero me visto de negro o azul según el vuelo de una mosca. Ayer hice el amor con Javier y ¿sabes una cosa? La mosca voló de la misma forma y tan despreocupada. Mis padres no lo decidieron, eso es lo que quiero que quede claro por que de  igual forma sucedió la semana pasada cuando lo hice con Gaby.  Creo que el vuelo de las moscas me fascina. Ellas sí que deciden por dónde ir. Me voy a volar, mi querido Juan.

Rafael Jurado

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