Sonrie despues de muerto

guardianes_del_santuario_rhafhaell_10En la foto el niño ya no se movía. ¿Por qué ahora lo hacía en el ataúd? Por supuesto que deben de ser mis nervios. ¿Quién puede creer que un niño recién muertito pueda moverse? Figuraciones mías. Al igual que me pasaba cada vez que mi madre nos enseñaba la foto de su nieto preferido, yo miraba cómo me sonreía y movía lentamente la cabeza de un lado a otro. La primera vez bajé la mirada asustado pero mi madre ha de haber pensado otra cosa porque me regañó diciendo que lo tenia que querer, que yo era su tio. La verdad nunca pense en nada de eso. Cada vez hacía lo mismo y nos decia que un dia ellos iban a venir no se de qué ciudad lejana. Llegó ese dia pero en el camino tuvieron un accidente y mi sobrino Sebastian murió, el de la foto. Mi madre siembre la miraba y enseguida nos la mostraba orgullosa. Me fui acostumbrando a ver su sonrisa. No me atrevía a comunicarselo a nadie, no quería que me juzgaran loco.  Ahora que lo miro en su ataúd, lo noto un poco cambiado sobre todo por el golpe que recibió en la cabeza. Su brazo se mueve y hacía un rato su mano. Sus dedos parecian medio dormidos. Miro a mi madre sentada y llorando entre rezo y rezo. Pienso en decirselo de una vez por todas, pero ¿cómo explicarle que siempre se ha movido? Me acerco a ella y la tomo de la mano para conducirla hasta el ataúd. Me mira con ojos de compasión y explota en llanto, seguramente ya se dio cuenta.  Leo en sus labios : ¡Ay, mi pequeño Sebastian! ¿Por qué, señor, por qué? Lloraba. ¿Es que ya lo vio moverse? Me acerco y ahi estaba inmóvil, mi madre y yo lo miramos, le quiero gritar, ¡Muévete , cabrón! ¿Qué no ves que aquí estamos? Por fin movió un labio, casi nada, pero mi madre ya estaba de nuevo sentada. Ahora Sebastian me sonreía y pude comprenderlo todo. Sabía que yo jamás diría algo, por eso me escogió a mi. Nunca me aparté de su ataúd y cuando lo enterraron en el cementerio, escuché sus risas correr entre las tumbas. Me invitaba a jugar con él y corrí detrás de lo que parecía una sombra.

— ¡Eh, muchacho! — le gritó uno de los trabajadores del cementerio — ¡No vayas a pisar las tumbas !

La madre ya estaba siguiéndole y le contestó al trabajador.

— No le va a oir, es sordomudo.

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