Dulce placer de hacer nada

Me propongo realizar un experimento hasta sus posibles últimas consecuencias. Trataré de no hacer nada. Si, de sentir la dulce sensación de no hacer nada. Primero, dejaré de trabajar. Ya está. Sólo basta una palabra para hacerlo. Ya no trabajo. Ahora le pediré a mi familia que no me moleste. No, mejor les dejo una nota. Mi iré. “Querida familia, tuve que salir. Regreso en una semana. No se preocupen por mí. Tan pronto pueda, me comunicaré con ustedes”. Aquí sobre la mesa estará bien. Ahora, con rumbo a la montaña. Aquella está bien. Que pesado me ha resultado el ascenso. Aquí pondré la manta. Bien, muy bien.
No hacer nada. Algo me falta. Me desnudaré, eso es. Me quitaré de cualquier atadura física y mental. Ahora me concentraré en la nada. Qué bien, siento un descanso agradable. Creo que estoy completamente relajado. Ya no pienso, mi mente está en blanco… dejo de respirar, eso, así. ¡Ah ! Ya no escucho mi corazón. Qué maravilloso, que dulce placer de hacer nada, tan solo morir.

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